A partir del registro fotográfico de Marco Bonilla, el libro es un recorrido por los lugares más representativos de la fotogénica Varanasi. Es un viaje por los rituales más íntimos de vida y muerte; un viaje a través de un laberinto de galis, las viejas callejuelas de la ciudad, donde las vacas y los santos en búsqueda de iluminación impiden el paso de los vehículos. Ver el interior

Descripción:
Libro de 125 páginas full color - dimensiones: 24 cm x 21 cm - acabado de lujo, tapa dura y sobrecubierta.

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Pocos lugares en el mundo cargan tanta fuerza espiritual como Varanasi, la ciudad más sagrada del hinduismo. Al mismo tiempo espiritual y caótica, Varanasi es un ataque a los sentidos por todos los flancos.

Varanasi, en el estado indio de Uttar Pradesh, es una de las ciudades más antiguas del mundo, una localidad con una fuerte presencia musulmana y el corazón del universo hindú. Millones de peregrinos acuden a este lugar, año tras año, para bañarse en las aguas del sagrado río Ganges o cremar a sus seres queridos en una de sus escalinatas y así lograr para ellos la moksha o liberación del ciclo de reencarnaciones que producen el sufrimiento o samsara. Muy cerca de allí se encuentra Sarnath, el lugar donde Buda dio su primer discurso.

A partir del registro fotográfico de Marco Bonilla, la galería es un recorrido por los lugares más representativos de la fotogénica Varanasi. Es un viaje por los rituales más íntimos de vida y muerte; un viaje a través de un laberinto de ghalis, las viejas callejuelas de la ciudad, donde las vacas y los santos en búsqueda de iluminación impiden el paso de los vehículos.

Lugares liminales, de transición, de encuentro entre la vida y la muerte, los cementerios provocan sobrecogimiento y temor reverencial. Son el espacio donde reina lo ominoso, lo siniestro, lo espectral. Sin embargo están preñados de belleza; una belleza que, como un memento mori, nos recuerda de lo efímero de nuestra existencia.

Si los cementerios están llenos de significado, el arte funerario refleja toda una carga de emociones. Las esculturas que pueblan los cementerios son como modelos silenciosos que reflejan una profunda pena. En ellos se proyecta la sensación de desazón, angustia e incertidumbre que acompañan la pérdida de un ser querido, eso que en portugués se conoce como Saudade.

El escritor rumano Emil Cioran decía que durante muchos años solía ir a los cementerios a encontrar un poco de solaz a las angustias de la vida. Caminar por estos espacios, donde el silencio es rey, le permitía afrontar la profunda realidad de la carencia de sentido de la vida humana.

Cioran tenía razón. Caminar por los cementerios nos permite valorar la existencia. Como solía afirmar, pensar en la muerte es una terapéutica útil. Además de lugares poderosos, los cementerios son reconfortantes, nos recuerdan de la valentía que hay que tener para vivir la vida ante la tajante verdad de su fin.

Esta galería conserva algunos recuerdos de esos devaneos por los cementerios, lugares que si no se evitan, derrochan una belleza difícil de describir con palabras.